Salmos Capítulos 53-55
SALMO 53

53:1 Del maestro de coro. Para la enfermedad. Poema de David.

53:2 El necio se dice a sí mismo:

«No hay Dios».

Todos están pervertidos,

hacen cosas abominables,

nadie practica el bien.

53:3 Dios observa desde el cielo

a los seres humanos,

para ver si hay alguien que sea sensato,

alguien que busque a Dios.

53:4 Todos están extraviados,

igualmente corrompidos;

nadie practica el bien,

ni siquiera uno solo.

53:5 ¿Nunca aprenderán los malvados,

los que devoran a mi pueblo

como si fuera pan,

y no invocan al Señor?

53:6 Ellos temblaron de espanto

donde no había nada que temer;

Dios ha dispersado los huesos de tus agresores:

tú los has confundido, porque Dios los rechazó.

53:7 ¡Ojalá venga desde Sión

la salvación de Israel!

Cuando el Señor cambie la suerte de su pueblo,

se alegrará Jacob, se regocijará Israel.


SALMO 54

54:1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Poema de David.

54:2 Cuando los habitantes de Zif vinieron a decir a Saúl: «¿No se ha escondido David entre nosotros?».

54:3 Dios mío, sálvame por tu Nombre,

defiéndeme con tu poder,

54:4 Dios mío, escucha mi súplica,

presta atención a las palabras de mi boca.

54:5 Porque gente soberbia se ha alzado contra mí,

hombres violentos atentan contra mi vida,

sin tener presente a Dios.

54:6 Pero Dios es mi ayuda,

el Señor es mi verdadero sostén:

54:7 que el mal recaiga sobre mis adversarios,

¡destrúyelos, Señor, por tu felicidad!

54:8 Te ofreceré un sacrificio voluntario,

daré gracias a tu Nombre, porque es bueno,

54:9 porque me has librado de todos mis adversarios

y he visto la derrota de mis enemigos.


SALMO 55

55:1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Poema de David.

55:2 Dios mío, escucha mi oración,

no seas insensible a mi súplica;

55:3 atiéndeme y respóndeme.

La congoja me llena de inquietud;

55:4 estoy turbado por los gritos el enemigo,

por la opresión de los malvados:

porque acumulan infamias contra mí

y me hostigan con furor.

55:5 Mi corazón se estremece dentro de mi pecho,

me asaltan los horrores de la muerte,

55:6 me invaden el temor y el temblor,

y el pánico se apodera de mí.

55:7 ¡Quién me diera alas de paloma

para volar y descansar!

55:8 Entonces huiría muy lejos,

habitaría en el desierto.

55:9 Me apuraría a encontrar un refugio

contra el viento arrasador y la borrasca.

55:10 Confunde sus lenguas, Señor, divídelas,

porque no veo más que violencia

y discordia en la ciudad,

55:11 rondando día y noche por sus muros.

Dentro de ella hay maldad y opresión,

55:12 en su interior hay ruindad;

la crueldad y el engaño

no se apartan de sus plazas.

55:13 Si fuera mi enemigo el que me agravia,

podría soportarlo;

si mi adversario se alzara contra mí,

me ocultaría de él.

55:14 ¡Pero eres tú, un hombre de mi condición,

mi amigo y confidente,

55:15 con quien vivía en dulce intimidad:

juntos íbamos entre la multitud

a la Casa de Dios!

55:16 Que la muerte los sorprenda,

que bajen vivos al Abismo,

porque dentro de sus moradas sólo existe la maldad.

55:17 Yo, en cambio, invoco a mi Dios,

y el Señor me salvará.

55:18 De tarde, de mañana, al mediodía,

gimo y me lamento,

pero él escuchará mi clamor.

55:19 El puso a salvo mi vida;

se acercó cuando eran muy numerosos

los que estaban contra mí.

55:20 Dios, que reina desde siempre,

los oyó y los humilló.

Porque ellos no se corrigen

ni temen a Dios;

55:21 alzan las manos contra sus aliados

y violan los pactos.

55:22 Su boca es más blanda que la manteca,

pero su corazón desea la guerra;

sus palabras son más suaves que el aceite,

pero hieren como espadas.

55:23 Confía tu suerte al Señor,

y él te sostendrá:

nunca permitirá que el justo perezca.

55:24 Y tú, Dios mío, los precipitarás

en la fosa más profunda.

Los hombres sanguinarios y traidores

no llegarán ni a la mitad de sus días.

Yo, en cambio, confío en ti, Señor.