Salmos Capítulos 56-58
SALMO 56

56:1 Del maestro de coro. Según la melodía de «La paloma de los dioses lejanos». De David. Mictán. Cuando los filisteos se apoderaron de él en Gat.

56:2 Ten piedad de mí, Señor, porque me asedian,

todo el día me combaten y me oprimen:

56:3 mis enemigos me asedian sin cesar,

son muchos los que combaten contra mí.

56:4 Cuando me asalta el temor,

yo pongo mi confianza en ti, Dios Altísimo;

56:5 confío en Dios y alabo su Palabra,

confío en él y ya no temo:

¿qué puede hacerme un simple mortal?

56:6 Me afligen constantemente con sus palabras,

sólo piensan en hacerme daño;

56:7 conspiran, se esconden y siguen mis rastros,

esperando la ocasión de quitarme la vida.

56:8 ¿Podrán librarse a pesar de su maldad?

¡Derriba a esa gente, Dios mío, con tu enojo!

56:9 Tú has anotado los pasos de mi destierro;

recoge mis lágrimas en tu odre:

¿acaso no está todo registrado en tu Libro?

56:10 Mis enemigos retrocederán cuando te invoque.

Yo sé muy bien que Dios está de mi parte;

56:11 confío en Dios y alabo su palabra;

56:12 confío en él y ya no temo:

¿qué pueden hacerme los hombres?

56:13 Debo cumplir, Dios mío, los votos que te hice:

te ofreceré sacrificios de alabanza,

56:14 porque tú libraste mi vida de la muerte

y mis pies de la caída,

para que camine delante de Dios

en la luz de la vida.



ALMO 57

57:1 Del maestro de coro. «No destruyas». De David. Mictán. Cuando huyendo de Saúl, se escondió en la cueva.

57:2 Ten piedad de mí, Dios mío, ten piedad,

porque mi alma se refugia en ti;

yo me refugio a la sombra de tus alas

hasta que pase la desgracia.

57:3 Invocaré a Dios, el Altísimo,

al Dios que lo hace todo por mí:

57:4 él me enviará la salvación desde el cielo

y humillará a los que me atacan.

¡Que Dios envíe su amor y su fidelidad!

57:5 Yo estoy tendido en medio de leones

que devoran con avidez a los hombres;

sus dientes son lanzas y flechas,

su lengua, una espada afilada.

57:6 ¡Levántate, Dios, por encima del cielo,

y que tu gloria cubra toda la tierra!

57:7 Ellos tendieron una red a mi paso,

para que yo sucumbiera;

cavaron una fosa ante mí,

pero cayeron en ella.

57:8 Mi corazón está firme.

Dios mío, mi corazón está firme.

Voy a cantar al son de instrumentos:

57:9 ¡despierta, alma mía!

¡Despierten, arpa y cítara,

para que yo despierte a la aurora!

57:10 Te alabaré en medio de los pueblos, Señor,

te cantaré entre las naciones,

57:11 porque tu misericordia se eleva hasta el cielo,

y tu fidelidad hasta las nubes.

57:12 ¡Levántate, Dios, por encima del cielo,

y que tu gloria cubra toda la tierra!


LMO 58

58:1 Del maestro de coro. «No destruyas». De David. Mictán.

58:2 ¿Acaso ustedes, los poderosos,

pronuncian realmente sentencias justas

y gobiernan a los hombres con rectitud?

58:3 ¡No! Ustedes cometen injusticias a plena conciencia

y favorecen la opresión en la tierra.

58:4 Los impíos están extraviados desde el seno materno;

desde su nacimiento se descarriaron los impostores.

58:5 Tienen un veneno semejante al de las víboras;

son como una serpiente sorda, que cierra los oídos,

58:6 para no oír la voz del encantador,

la voz del mago que ejerce su arte con destreza.

58:7 Rómpeles, Dios mío, los dientes en la boca;

arráncales, Señor, esos colmillos de leones.

58:8 Que se diluyan como agua que se evapora;

que se marchiten como hierba pisoteada.

58:9 Sean como una babosa que se deshace al pasar,

como un aborto de mujer que no llegó a ver el sol.

58:10 Que los arrastre el vendaval –verdes o quemados–

antes que produzcan espinas como una zarza.

58:11 El justo se alegrará al contemplar la Venganza

y lavará sus pies en la sangre de los impíos.

58:12 Entonces dirán los hombres:

«Sí, el justo recibe su recompensa;

sí, hay un Dios que hace justicia en la tierra».